Ensayo sobre el tiempo

mayo 21, 2010


Usualmente, cuando nos encontramos con un viejo amigo, suscitamos expresiones como: “¡Cuánto tiempo sin verte!” y “¿Cómo has estado?” Pero ¿qué es el hoy sino el mañana y el ayer? Me permito definir el tiempo como una abstracción que hace el consciente acerca de una sensación de continua, progresiva, lineal e irreversible existencia del ser en un espacio determinado.
            Decimos que una sensación es el proceso de recibir, traducir y transmitir mensajes del mundo exterior al interior. Estos mensajes que llegan como aspectos del mundo exterior tienen una carga directa en nuestra conducta o experiencia consciente; es decir, nos estimulan; consecuentemente, decimos que son estímulos.
            La sensación que tenemos acerca de que ha transcurrido el tiempo es un mensaje que recibimos del exterior, que traducimos y transmitimos a nuestro interior; es sólo un estímulo que sufre nuestro consciente, y que es abstraído, organizado e interpretado por la misma conciencia del ser a través del proceso de percepción. El tiempo es un estímulo.
            Si reconocemos que la sensibilidad de un individuo ante la temporalidad difiere de un momento a otro, ya sea por la lasitud, la apatía o el desinterés del ser, incluso por la presentación prolongada del estímulo, entonces podemos referirnos a una coexistencia relativa del tiempo: su relatividad consiste en una existencia fugaz que, como resultado de su misma presencia lineal, se vuelve eterna.
            Ya que el tiempo se presenta continua, progresiva y linealmente, puede percibirse en ocasiones (generalmente de tedio) como una sensación debilitada resultante de la existencia sempiterna del estímulo (como solemos decir: el tiempo no se detiene).
            Por ello, la traducción que hacemos de aquél puede dar como resultado que el tiempo “pasa rápido” o “pasa lento” (cuestión de percepción ligada a la relatividad); pero no, ni transcurre rápido ni lento; ni siquiera debe ser considerado como una unidad de medida, sino, ya lo dije, como una abstracción que hace el ser acerca de su existencia.
            Por supuesto que es válido decir: “qué apresurado/pausado pasó el tiempo”, sólo una precisión: transcurrió en la subjetiva percepción de la existencia.
            También, con frecuencia, hablamos de un tiempo pasado, presente y futuro. Si tomamos en cuenta que el pasado es sólo el eco producido por el presente (alejarse del presente es ensalzarse en el pasado, y esto sugiere remontarse en el comienzo o el fin de una cosa), y que el futuro no es más que una abstracción de un comienzo o un fin impredecible que hacemos en el presente, entonces podemos discernir que desarrollamos nuestra existencia en un presente continuo, perenne.
            El tiempo presente es el comienzo y el fin; es una transición del antes hacia el después; el antes y el después están copresentes en la continua, progresiva y lineal existencia del ser. Todo lo que está fuera del tiempo, está fuera de la existencia.
            (La meta del comienzo es el fin. Si llagamos a un fin, cualquiera que sea, significa que estaremos entrando en un nuevo principio, entonces habremos regresado al comienzo; la irreversibilidad del tiempo es, por ende, también relativa.)
            Para tener control sobre la existencia del ser, primero, segmentamos la totalidad del tiempo en partes símiles: temporalidades; en seguida, otorgamos a las temporalidades infinitas una medida homogénea y única; y ulteriormente, creemos tener el control del tiempo en los relojes, cronómetros o calendarios: suponemos dominarlo; sin embargo, somos nosotros mismos los dominados, pues el tiempo se crea en nuestra conciencia.
            Cada vez que vemos a un viejo amigo esbozamos el rictus más feliz de todos, y decimos algo así: “¡Cuánto tiempo sin verte!” Cuando en realidad lo que queremos decir es: “has estado fuera de mi continua, progresiva, lineal e irreversible existencia”, y: “¿Cómo has estado?” Nos responde algo así: “Bien, aunque sin tiempo”; cuando lo que quiere decir es: “jodido y sin conciencia de mi existencia”.          
            El tiempo es un lobo para el hombre.
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